—¿Estás lista? —preguntó Thiago, con la mandíbula tensa, las manos cruzadas sobre la mesa mientras el escáner del portátil terminaba de desencriptar el archivo.
Valeria asintió sin decir palabra. El silencio en el despacho era espeso, como si incluso el aire se negara a moverse antes de la tormenta.
El archivo Orquídea Roja se desplegó ante ellos. Carpeta tras carpeta, con códigos, nombres en clave, fechas. El sudor frío en la nuca de Valeria comenzó a deslizarse cuando sus ojos captaron una en