Thiago miró la pantalla del móvil como si las palabras fueran una trampa óptica. El mensaje seguía allí, con su tono críptico, directo. Sin firma reconocible. Sin contexto.
“La mujer que duerme contigo no es quien dice ser. Abre los ojos antes de que sea tarde. –N.”
Luciana dormía a menos de dos metros, recostada en la silla con una chaqueta cubriéndole las piernas, como si llevara semanas al pie de su cama. Como siempre.
Él apagó el teléfono.
Era absurdo. Imposible. Luciana había estado con él