—Papá… ¿vale?
La voz de Clara, apenas un susurro ronco, rompió el silencio de la habitación.
Thiago levantó la vista de su móvil, donde estaba intentando leer el mismo párrafo de un informe por cuarta vez. El nudo en la garganta se le apretó al ver los ojitos de su hija entreabiertos, con las pestañas aún húmedas y la nariz enrojecida. Tenía la voz frágil, como si el esfuerzo de hablar fuera una pequeña batalla ganada a duras penas.
Se levantó de inmediato de la butaca y se inclinó junto a su c