Thiago no había dormido.
Entre el zumbido de las máquinas, las alarmas intermitentes y la angustia permanente de ver a su hija tan pequeña, tan vulnerable… las horas parecían cuchillas atravesándole el pecho. Pero Clara estaba viva. Y eso era todo lo que importaba.
—“Papá…” —la voz débil de su hija lo hizo contener la respiración. Fue apenas un susurro. Apenas un movimiento de labios. Pero estaba consciente. Estaba volviendo.
Luciana fue la primera en acercarse. Con un gesto rápido, pasó la man