El reloj marca las cuatro de la mañana cuando Nicolás abre los ojos, aún medio dormido, pero con una sensación intensa y urgente recorriéndole todo el cuerpo. Mira a su lado y ve a Reik hecho un ovillo, con el cabello revuelto y la respiración suave. Sus mejillas lucen tan rosadas que parece un durazno maduro. Nicolás traga en seco, le encanta lo que esta viendo. Siente el calor y la presión acumularse y crecer sin piedad.
—Reik… —murmura contra su oído, sosteniendo sus caderas, con su voz ronc