La habitación está en silencio. Afuera, la nieve cae sin tregua, cubriendo los techos y las calles de Eisblum. La lámpara de noche lanza un halo cálido sobre sus cuerpos, como un pequeño sol privado solo para ellos.
Reik tiembla ligeramente. Sus muslos delgados se tensan al sentir la mano de Nicolás acariciarlo con cuidado, explorando cada centímetro de su piel.
—Estás temblando… —dice Nicolás, con la voz ronca mientras le acaricia el rostro.
—Es… es mi primera vez así contigo—admite Reik, con