Omar llevaba tres días rondando la casa.
Dormía en su coche alquilado, estacionado entre los árboles al borde del camino rural, cubierto con ramas para camuflarlo desde la carretera. Observaba con binoculares viejos y sucios desde el amanecer hasta el anochecer, como un lobo esperando que algún cordero se alejara del rebaño.
Era casi mediodía cuando la vio.
Reik estaba en el patio trasero, empujando suavemente el columpio donde un niño pequeño reía a carcajadas. Tenía el cabello rubio claro, li