Cinco años.
Cinco largos años viendo amanecer entre rejas. Cinco años sin un cuerpo cálido junto al suyo, sin el aroma suave que tanto añoraba, sin la sumisión que creía suya por derecho.
Omar salió de la cárcel en silencio, con una bolsa plástica y unas pocas pertenencias. El uniforme de preso ya no oprimía su cuerpo, pero la vida afuera se sentía igual de dura.
Había perdido peso. Mucho. Su rostro, antes lleno, estaba hundido, con las mejillas demacradas y la mandíbula marcada. Sus ojos, negr