CAPÍTULO 57
A kilómetros de distancia, en la entrada del edificio corporativo, Sebastián bajó el teléfono móvil, apretándolo con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
— Buzón de voz —gruñó entre dientes.
La frustración que sentía era algo físico, una presión en el pecho que ninguna lógica lograba disipar. Había intentado llamarla seis veces consecutivas. Nada. La imagen de Catarina subiéndose a esa moto, subiéndose la falda y agarrándose a ese sujeto con gafas de pasta, se repet