CAPÍTULO 81
Sebastián se congeló. Cerró los ojos por un segundo y dejó escapar una maldición ahogada antes de enderezarse y girarse hacia los ascensores.
Catarina parpadeó, sacudiéndose el aturdimiento, y miró hacia la entrada.
De las puertas emergía una mujer deslumbrante. Alta, rubia, con un traje sastre blanco impecable, tacones de aguja de suela roja y un bolso de diseñador colgado del antebrazo. Era la personificación del lujo frío. Pero lo que más llamó la atención de Catarina no fue la r