CAPÍTULO 85
Catarina Soler iba sentada en el asiento del copiloto, con las manos apretadas sobre su regazo hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Durante las últimas tres horas, su mente había sido un torbellino de escenarios catastróficos.
Sebastián no le había dirigido la palabra en la última hora, intuyendo que cualquier intento de racionalizar la situación sería inútil frente al pánico de una hija preocupada.
Eran pasadas las tres de la tarde cuando el elegante sedán cruzó el letr