CAPÍTULO 83
Caminaban a paso lento, disfrutando de la brisa nocturna, Sebastián bajó la mirada hacia su camisa ahora adornada con un mapa abstracto de color burdeos que se extendía desde su clavícula hasta el estómago.
Negó con la cabeza, esbozando una sonrisa que le arrugaba las esquinas de los ojos, una expresión tan rara y genuina que Catarina no podía dejar de mirarlo.
— Definitivamente, la próxima vez no te dejaré elegir el restaurante a ti —sentenció Sebastián, fingiendo un tono de severi