CAPÍTULO 31
Catarina estaba sentada en una mesa privilegiada cerca de la barandilla de cristal, con la ciudad extendiéndose a sus pies como un tapiz de diamantes eléctricos. Llevaba un vestido negro de seda, sencillo pero devastador, que había rescatado del fondo de su armario, combinado con unos pendientes largos que atrapaban la luz.
Era la imagen de la elegancia. Y también, la imagen de la soledad.
Llevaba cuarenta y cinco minutos esperando a que Marcus llegara a la cita.
Había revisado su m