Entre a mi oficina, con los sobres en la mano, recuerdo la mirada de confusión de Buzo, mientras que Gaviota se mostraba impasible, como siempre.
—¡Eres heredera de Nathaniel! —dijo Buzo con sus grandes ojos verdes abiertos como ventanas.
—¡Su nombre no era Nathaniel! Era Jeremías, Tom es quien se llama Nathaniel. Mi padre. Tengo una hermana.
—¡Él siempre fue bueno contigo! —opinó Gaviota con discreción.
—¡Demás! Mucho, lo sé, ahora sé por qué. No me lo creo —respondí y las lágrimas salieron de