Jelena lloraba desconsolada mientras leía la carta, la repasaba y la leía de nuevo, Buzo se colocó a su lado y le acariciaba el cabello con torpeza, quería consolarla, pero el pobre chico no sabía cómo, la mole de músculos solo me vigilaba.
—¿Qué documento será ese? —murmuré.
Estaba seguro de que Jeremías me tenía. De alguna forma me obligaría a casarme con su hija, quién sabe con qué fin. La situación no pintaba bien para mí.
¡Maldito Viejo! Qué loco, obligarme a casarme con su hija, pensaba yo