Mientras dormía a las pequeñas, me encantaba contarles un cuento feliz a las dos. Era un momento especial del día, un tiempo de conexión y ternura que las ayudaba a relajarse y quedarse dormidas. Sin embargo, esa noche noté que Alisson estaba muy triste. Sus ojitos reflejaban una tristeza profunda que no solía ver en ella.
—¿Qué pasa, mi pequeña pelirroja? —le pregunté suavemente mientras acariciaba su cabello—. ¿Por qué estás triste?
Alisson miró hacia abajo, jugueteando con la manta entre