— ¿Dónde…? ¿Dónde están mis hijos, Dulce? ¿Esto es una broma? Porque no es gracioso… — Una sonrisa fría se formó en el rostro de Mari, al tiempo que ella se acercaba a paso lento hacia la mujer.
— Yo… Yo no sé, señora, no sé en dónde están, desaparecieron… Lo siento… Lo siento mucho… — Repitió Dulce, llorando a cántaros, mientras se estremecía, para luego cubrir su rostro con ambas manos.
— ¡¿Qué dónde están te pregunté?! — Gritó Mari a todo pulmón, provocando que la niñera se estremeciera.