Era un golpe de adrenalina que ella no había sentido antes, ni con Daniel, quién supuestamente fue el amor de su vida.
El descaro de esa mujer, su forma de vestirse, su forma de hablar, Mari casi no la conocía, pero su presencia ya le resultaba demasiado desagradable.
— Oye, niñita… ¿Quién te crees? — Fue instintivo, fue una ráfaga de posesión y como si de alguna manera David le perteneciera, Mari lo jaló del brazo, apartándolo de Soleil, al tiempo que la encaraba a ella.
— ¿Eh? — Soleil la