Aturdida, Mari se encerró en su habitación, había una furia en su interior, había decepción, tristeza, rabia, dolor y sobre todo, celos.
¿David estaba comprometido? ¿Por qué nunca se lo dijo? Sopesó caminando por toda la habitación, agitada, y entonces ella recordó, se detuvo y se miró en el espejo de la peinadora de su habitación.
— ¿Por qué David debería habértelo dicho, Mari? — Se preguntó a sí misma. — Tú y él… No son nada, David es tu cuñado, solo eso… Y si David está aquí, es solo porqu