Capítulo 11 — La amante

El beso fue solo un pico, un roce de labios que duró un segundo, pero solo eso fue suficiente para que a ambos le saltara el corazón.

— Oh, cielos, yo… Lo lamento tanto, no debí… — Susurró Mari en el rostro de David, apenas se separó, a escasos centímetros de él, mientras que David se quedó pasmado, sin palabras.

Fue un acto impulsivo, Mari no se había dado cuenta de lo que había hecho, hasta que lo hubo hecho.

Ambos se miraron a los ojos por unos segundos, parecían haberse quedado atrapados
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