La puerta de la mansión resonó con un golpe suave. Una de las empleadas se apresuró a abrir. Griselda entró con paso firme, y saludó con cortesía.
—La señora Florencia está en su habitación, le avisaré que ha llegado —informó la empleada antes de subir con rapidez las escaleras.
Florencia se encontraba absorta leyendo un libro, acomodada en su sillón favorito, cuando la sirvienta entró para anunciarle la visita. Cerró el libro con delicadeza, soltó un suspiro y, después de acomodar su vestido ne