Capítulo treinta y cuatro 34
Rebeca asintió con un movimiento de cabeza.

—Ten cuidado con ese hombre —dijo, con un tono que no ocultaba su preocupación.

—Lo tendré. —Se levantó de golpe y caminó hacia la salida.

Lena llegó a casa, se quitó el traje oscuro, se duchó con rapidez. Luego se colocó una camisa blanca de seda, una falda plisada negra y un chaleco del mismo tono que acentuaba su figura con elegancia. Lucía impecable, el equilibrio perfecto entre coquetería, discreción y una sensualidad que la hacía ver poderosa.

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