Una camioneta negra los esperaba frente al aeropuerto. Florencia, era mujer rubia de ojos verdes, al divisar a sus sobrinos emerger por las puertas de llegadas, descendió del vehículo con elegancia. Llevaba un traje de lino impecable y a sus cuarenta y seis años conservaba una apariencia glacial que parecía espesar el aire a su alrededor.
—Bruno —llamó caminando hacia sus sobrinos. Al llegar frente a ellos su mirada se posó en las ojeras de su sobrino que contrastaban con su piel pálida. Floren