Capítulo 32

Dante

El viaje fue demasiado largo. Se notaba el cansancio en el rostro de Antonella y de la niña; las dos incómodas por tantas horas sentadas. Solo pudimos hacer dos paradas en todo el trayecto. Carlos, por su parte, llegó tan aburrido que, apenas estacionamos, decidió montar un caballo y salir a recorrer el lugar por su cuenta.

Mi madre, al ver a mi hija, se iluminó de emoción. De inmediato fue a buscar los ponis para enseñárselos, pero antes saludó cordialmente a Antonella y, con una sonrisa
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