Antonella
Habían pasado exactamente dos meses desde que llegué a esta mansión, y no podía estar más que profundamente agradecida. Agradecida por haber sido acogida, por permitirme quedarme aquí, y sobre todo, por ser ahora la familia de Dante. Mi hija lleva su apellido, y eso me basta para sentir que estamos protegidas. Bajo este techo, por primera vez en mucho tiempo, me sentí en paz.
Cuando Milagros duerme, atendida por la enfermera o por la mujer que él contrató para ayudarnos, aprovecho el