Dante
—Lamentablemente… no pudimos hacer nada por la bebé que aun seguía en su vientre. Nació sin vida.
Siento que el alma se me cae al suelo. Mis ojos se abren con incredulidad.
—Dios...no... no puede ser ¿Y la otra niña? ¿Y la madre? —pregunto con voz temblorosa.
—La madre estará fuera de peligro —responde—. Pero tuvo una infección severa. Todo indica que la bebé ya había fallecido horas antes del parto, y eso provocó la infección, tanto en la madre como en la otra niña.
Me cubro la boca con la mano, atónito, horrorizado.
—¿Estarán bien? —logro preguntar apenas, con un hilo de voz. Siento un nudo horrible en la garganta que me ahoga.
—Sí. Pero necesitarán cuidados intensivos. Especialmente la bebé. Necesita tratamiento, alimentación especial… Mire, usted dice ser el padre, pero esa joven llegó en un estado crítico: desnutrida, anémica, y la nació con bajo peso.
Asentí en silencio. No podía decir nada más. Solo había dicho que era el padre. Tal vez por impulso, pero lo cierto es que