Tan tuya, tan mío (2da. Parte)
Unos días después
New York
Alan
Por primera vez entendí que no podía callar. Bastó ver la rabia en los ojos de Nicky, la desconfianza contenida en cada uno de sus gestos, para saber que debía abrirle el corazón. Ya no bastaban palabras sueltas o insinuaciones. Era mi única oportunidad de mostrarle que era inocente en todo el maldito asunto del sabotaje. Tenía que convencerla, pedirle que confiara en mí, que nos uniéramos contra ese enemigo sin rostro que jugaba con todos desde las sombras. Quizá