Las palabras resonaron en la habitación como un veredicto final.
—Este matrimonio no puede continuar, niña.
Por un instante, Mercy se quedó inmóvil. Las lágrimas que un rato antes amenazaban con desbordarse se secaron y dieron paso a una lucidez repentina. Su respiración se estabilizó mientras la confusión que le nublaba los pensamientos empezaba a disiparse. Algo cambió en ella. No se echó hacia el miedo, sino hacia una determinación firme.
Evelyn la observaba de cerca, después de haber dictado