Mundo ficciónIniciar sesiónMi esposo llevaba seis meses engañándome con mi mejor amiga a mis espaldas. Seis meses de rosas. Seis meses de escuchar un “eres todo para mí” mientras él la hacía gemir su nombre. Yo le entregué mi corazón entero. Y él se lo puso en las manos a ella como si fuera un regalo barato. Por eso, cuando Dominic Ford apareció con la rabia ardiendo en sus ojos y las pruebas entre sus manos, algo dentro de mí se rompió. Y en aquel lugar oscuro y peligroso al que me había llevado el dolor, nació una idea tan pecaminosa como irresistible. —Una aventura —le dije, sosteniendo su mirada—. Real. Sin filtros. Sin mentiras. Sin compromisos. Sin límites. Les daremos exactamente lo que se merecen. Dominic me observó durante un largo instante, como si intentara descubrir si hablaba en serio. Entonces me acercó a él y susurró: —¿Cuándo empezamos? *** Dominic Ford me tocó como si quisiera borrarme para siempre de cualquier otro hombre. Y lo consiguió. Me desarmó poco a poco, noche tras noche, hasta que mi cuerpo temblaba, mi voz se quebraba y terminaba suplicando por más... Y cuando amanecía, era yo quien volvía a buscar todo aquello que él me había dado la noche anterior. Se suponía que esto debía hacerles daño. Nunca se suponía que pudiera sentirse tan bien. Nunca se suponía que pudiera sentirse como volver a casa. Ahora nuestros cónyuges infieles estaban de rodillas, exactamente donde queríamos verlos. Pero Dominic me miraba como si el plan hubiera cambiado. Y que Dios me ayude, porque yo tampoco quería alejarme. Habíamos hecho un trato. Sin ataduras. Sin sentimientos. Solo venganza. Ese era el acuerdo. Pero ambos mentimos.
Leer másAntes de que pudiera recuperar el aliento, Sparrow volvió a agarrarme del cabello y me obligó a levantarme. Me arrastró hasta la silla y la mesa de madera que había en una esquina.—Ponte de rodillas sobre la silla y agárrate de la mesa.Obedecí de inmediato. Apoyé las rodillas en el cojín y me aferré al borde de la mesa. Quedé inclinada hacia delante, completamente expuesta y vulnerable.Sparrow se colocó detrás de mí.De pronto, me dio una fuerte palmada en una nalga. Grité. Luego hizo lo mismo con la otra, con tanta fuerza que estuve a punto de perder el equilibrio.Continuó azotándome, alternando de una nalga a la otra y descargando toda su fuerza en cada golpe. Gritaba cada vez que su mano caía sobre mi piel. Las lágrimas se me acumularon en los ojos y sentía que me ardía todo el cuerpo. No paró hasta que ambas nalgas quedaron rojas, hinchadas y palpitantes de dolor.Después me sujetó de las caderas, se colocó detrás de mí y me penetró de golpe.Solté un jadeo. Era enorme, grueso
Perspectiva de Seraphine—¡Espera! —solté antes de que Sparrow cruzara la puerta.Se volvió hacia mí.—Está bien. Haré lo que quieras.Su sonrisa se ensanchó.—Así me gusta.Se quitó la chaqueta y la dejó sobre una silla. Después empezó a desabotonarse la camisa, despacio, hasta dejar al descubierto el pecho musculoso, cubierto de tatuajes que se perdían bajo la tenue iluminación de la habitación. Tenía un cuerpo trabajado, con músculos que parecían hablar tanto de horas en el gimnasio como de una vida acostumbrada a la violencia. Era, sin duda, un hombre atractivo.Tiró el cigarro al suelo y lo aplastó con el zapato antes de dirigirse a la cama. Se sentó y me hizo una seña con el dedo para que me acercara.—Vamos. Haz lo que viniste a hacer. Todavía tengo cosas más importantes que atender.Me levanté, aunque las piernas apenas me respondían. Mientras caminaba hacia él, intenté convencerme de que todo aquello valdría la pena.Cuando llegué a la cama, me incliné para besarlo, pero apart
Perspectiva de SeraphineLa habitación olía a whisky caro y a secretos guardados durante años. Estaba sentada en el borde de un sillón de cuero, sin apartar la vista de la puerta, pendiente de cada minuto que pasaba.Primero fueron treinta minutos. Después, cuarenta. Luego, cincuenta.¿Dónde demonios se han metido?, pensé.Había pagado doscientos mil dólares solo para conseguir que le avisaran de mi llegada. Dos cientos mil que me había ganado de maneras que prefería no recordar demasiado, porque todavía me revolvían el estómago cuando pensaba en ellas. Y ahí estaba yo, sentada en una habitación apartada de un club, esperando a que un hombre llamado Sparrow decidiera que merecía la pena recibirme.El hombre que había aceptado mi dinero, su segundo al mando, llevaba un buen rato ofreciéndome algo de beber. Yo seguía rechazándolo. Necesitaba tener la cabeza despejada.Al cabo de cincuenta y siete minutos exactos, la puerta se abrió.Por fin había llegado Sparrow.Era alto y bastante más
—Está bien, como quieras. Solo haz la llamada.Celeste marcó el número y puso el teléfono en altavoz.Sonó una vez. Luego otra.Al tercer tono, alguien contestó.—¿Hola?Era Dominic.Al escuchar su voz, sentí que el corazón me golpeaba con tanta fuerza que parecía querer salírseme del pecho.—Señor Ford, disculpe que lo llame de repente y que utilice la línea de la empresa para un asunto personal —comenzó Celeste—. Sé que debe de estar ocupado, así que seré breve.—Estoy ocupado. Ve al grano.—Lo que pasa es que hay alguien aquí que necesita hablar con usted. Es su esposa. Voy a pasarle el teléfono.—¿Qué esposa?Esas dos palabras me cayeron como una bofetada.—¿Desde cuándo tengo esposa? —continuó Dominic—. ¿Alguna vez te he dicho personalmente que estoy casado?No pude soportarlo. Le arrebaté el teléfono a Celeste.—¡Dominic! ¡Soy yo! ¡Seraphine! ¿Qué demonios estás diciendo?Pero la llamada se cortó antes de que pudiera decir algo más.Me quedé mirando la pantalla, incrédula. No pod





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