Cuando Aurelian dijo “te amo”, algo en Mercy se rompió. Las palabras que tanto había anhelado fueron como un juramento más profundo que los votos de su boda. Las lágrimas se le escaparon mientras lo miraba fijamente, con el cuerpo temblando bajo su peso, su pene grueso enterrado hasta el fondo, abriéndola entre dolor y placer.
—Yo también te amo —susurró con la voz quebrada—. Dios, Aurelian... te amo tanto.
Entonces la besó, despacio, con reverencia, casi con ternura, rozándole los labios como s