Capítulo 406
Las primeras luces pálidas del alba tiñeron el horizonte de tonos rosados y dorados, y convirtieron el océano infinito en fuego líquido. En la suite principal, las velas se habían consumido hacía rato; la cera acumulada quedó como un rastro silencioso de la noche.

La enorme cama con dosel seguía hecha un hermoso caos. Las sábanas de seda estaban revueltas y húmedas, los pétalos de rosa aplastados y esparcidos, las cortinas aún meciéndose con suavidad por la brisa marina que traía un tenue olor a
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