Capítulo 404
Los dedos de Mercy se detuvieron en los finos tirantes de su vestido de verano; el corazón le latía con fuerza. La brisa del mar entraba por las cristaleras abiertas, fresca contra su piel acalorada, y traía aroma a sal y flores nocturnas. Aurelian permanecía inmóvil a unos pasos; la luz dorada de las velas y el brillo plateado de la luna sobre el agua perfilaban su alta figura. Aurelian no apartó sus ojos oscuros de los de ella. Paciente, hambriento y completamente seguro.

Ella inspiró tembloro
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