Por primera vez desde su repentino matrimonio, Mercy no durmió en su habitación.
La noche anterior se había quedado dormida en los brazos de Aurelian, agotada por las lágrimas, la adrenalina y todo lo que había pasado. En algún momento, entre la vigilia y los sueños, él la había atraído hacia sí, por instinto y por afán de protegerla, hasta que ella quedó con la espalda pegada a su pecho.
No recordaba cuándo se había vuelto hacia él. Solo sabía que despertó acalorada. Mucho calor.
Lo primero que