Esa mañana, Isla y Gabriel estaban de pie bajo la lluvia tibia del agua de la ducha. El vapor llenaba el baño, los envolvía y les daba la calidez constante que necesitaban.
Todo cambiaba muy rápido en sus vidas. La muerte de Alfred había traído una tristeza profunda, pero también les regaló algo escaso: tiempo. Todas las empresas Wyndham permanecieron cerradas durante el período de luto, en honor al difunto que tanto había moldeado su mundo.
Por primera vez, Isla tenía a Gabriel solo para ella,