Salió de ella y volvió a entrar. Su coño volvió a apretar con fuerza su verga gruesa y lo atrajo más hondo con cada contracción. Gabriel gimió con fuerza; el sonido le retumbó en el pecho y se perdió en el aire vaporoso.
El placer lo golpeó con fuerza, mezclándose con el dolor crudo en el corazón por la pérdida reciente. Se sentía vivo dentro de ella, cada apretón le recordaba su vínculo inquebrantable, alejando las sombras del luto.
—Carajo, Isla —dijo, con voz quebrada. Cerró los ojos con fuer