La habitación se había sumido en un silencio doloroso. Todos estaban demasiado sorprendidos para hablar.
Anna se enderezó, con una sonrisa de satisfacción. Pudo intuir su victoria en el instante en que Alfred se dio la vuelta y regresó a su silla. Para ella, eso era una señal de que había ganado.
Por primera vez esa noche, se veía orgullosa.
Ahora Alfred estaba metido en el asunto. Al menos ya le creían. Y por fin John iba a pagar.
No dudó ni por un segundo de las palabras de Isla. Hasta toda la