Mercy aún no podía creer lo que había pasado con Adam. Ni siquiera después de denunciarlo ante las autoridades lograba creer que él hubiera sido capaz de algo así.
La escena se repetía en su mente como una grabación dañada. Su mano apretándole las muñecas, la arrogancia en su voz y la certeza de que ella le pertenecía solo porque les había pagado a sus padres le revolvían el estómago.
¿Era un psicópata? ¿Cómo podía un empresario rico y respetado comportarse así? ¿Cómo podía un hombre que parecía