Luca siguió pasando las páginas amarillentas del diario de 1993 y principios de 1994. Cada entrada era una ventana a la soledad de Amelia. Leyó sobre la disciplina asfixiante del internado, las burlas crueles, la indiferencia de su padre, su anhelo por él, su dolor por la ruptura.
Y entonces encontró la entrada que lo destrozó. Diciembre de 1993. La caligrafía era errática, las manchas de lágrimas eran profundas, casi perforando el papel.
Dicembre 1993
«Luca, voglio morire.