POV. Amelia
Erik se movió un poco, emitiendo un pequeño quejido, pero luego se calmó, sus puñitos relajándose a su lado. Adrián se quedó allí, mirándolo, con una expresión de amor y asombro tan pura que me robó el aliento.
Yo me acomodé con cuidado en el sillón junto a la cuna, sintiendo el peso de mi cuerpo como un recordatorio punzante de las últimas cuarenta y ocho horas. Desabroché mi blusa con delicadeza, la tela rozando mi piel sensible. Arlo, como si percibiera lo que estaba a punto de s