POV. Adrian
La claridad del día ya llenaba la casa de la costa, colándose sin pedir permiso y envolviendo cada rincón con una calidez tranquila que hacía pensar que todo encajaba. Desde el piso de abajo subía el ruido de siempre: la risa escandalosa de Arlo, el balbuceo concentrado de Erik y la voz firme, paciente, de mi padre intentando imponer algo de orden. Era el sonido constante de mi vida, desordenado y perfecto a su manera, una mezcla de caos y afecto que nunca dejaba de resultarme famil