POV. Amelia
La casa estaba en ese estado de calma caótica propio de las mañanas con niños pequeños. Arlo y Erik, ahora dos pequeños torbellinos de un año y siete meses, jugaban en la sala, llenándola de risas, pasos desordenados y juguetes esparcidos por todas partes. Yo, en cambio, estaba en una misión distinta. Buscaba a mi marido.
No estaba en el salón, ni en la oficina.
Lo encontré donde casi siempre se perdía cuando tenía la mente en otra parte: en la cocina, de pie frente a la gran ventan