Emilie
Los siguientes días no tuve tiempo libre como para pensar en Massimo, mi padre y el ama de llaves, quién por cierto nos pidió que de ahora en adelante le llamemos nana, discutían la mayor parte del tiempo.
No podían llegar a un acuerdo sobre que negocio poner, se convertirían en socios, unieron su capital, cada uno insistió en darme la mitad de su dinero, querían asegurar mi futuro y el de mi hijo.
Al principio me negué, pero ante su insistencia terminé accediendo, dejando claro que les