Emilie
La isla se había convertido en un refugio, un lugar donde podía encontrar paz en medio de la tormenta que era mi vida.
Las cosas con María habían mejorado notablemente, una amistad floreciendo donde antes sólo había habido hostilidad.
Estábamos sentadas en la terraza, disfrutando del cálido sol de la tarde mientras veíamos a Luca jugar en el jardín. Su risa, tan pura e inocente, era un bálsamo para mi alma herida.
Fue entonces cuando mi teléfono sonó, el nombre de mi jefe apareció en la