Franco
Estaba caminando de regreso con el carbón cuando escuché las voces alzadas. Me detuve, escuchando con creciente incredulidad y rabia las palabras venenosas que salían de la boca de mi esposa.
¿Cómo se atrevía a hablarle así a Emilie? ¿A insinuar esas cosas horribles?
Dejé caer el carbón y me apresuré a ir hacia ellas, llegando justo a tiempo para escuchar a María escupir:
—Mientras que tú... tú eres sólo la zorra que no pudo mantener a su hombre, la zorra que tuvo que venir arrastrándose