Massimo
El sonido de las ruedas contra el mármol era ensordecedor en el silencio de la mañana.
Entré en el edificio del corporativo, mi silla de ruedas avanzaba con cada empuje y el esfuerzo de mis brazos.
Los empleados se apartaban a mi paso, sus ojos estaban llenos de una mezcla de miedo y lástima.
Podía escuchar los susurros y las miradas furtivas, el gran Massimo Mancini estaba reducido a una sombra de sí mismo.
Pero no dejaría que su lástima me hiciera daño, no dejaría que su compasión s