Durante el par de horas que duró el vuelo, me sentí torturada, jamás me había subido a una avioneta, recoste mi cabeza sobre el hombro de mi padre.
Me sentía profundamente avergonzada por obligar a mi padre a que abandonara toda su vida, él se limitó a acariciar mi cabeza suavemente.
Cuando la avioneta empezó a bajar, pude ver que la isla era pequeña, tenía fe que ahí podría ser feliz junto a mi padre y mi hijo, me era obligatorio aferrarme a eso.
Para esa hora, los guardias ya estarían despie