Durante el viaje hacia la villa, lloré desconsolada, apreté los puños, tratando de contenerme, pero una extraña sensación en mi pecho me molestaba, Massimo me ofreció un pañuelo y lo acepté, pero no lograba calmarme.
Faltaban aún varios minutos hasta llegar a la villa, y yo estaba agotada de tanto llorar, finalmente, apoyé mi cabeza en el hombro de Massimo, intentando no quedarme dormida.
A pesar de su actitud dura y su sed de venganza, creo que sintió compasión por mí, instintivamente, me ro