Los días pasaban y, aunque el dolor seguía ahí como una sombra adherida a mi pecho, me sentía un poco más fuerte. Cada transformación con Mira se volvía más llevadera, empezaba a entenderla… empezaba a entenderme. Enzo se había vuelto parte de mi rutina, aunque nunca le había pedido que lo hiciera. Estaba ahí, todo el tiempo, pendiente de mí, cuidándome, hablándome con una ternura que no entendía cómo era capaz de ofrecerme siendo el alfa oscuro. Lo había visto ser implacable con todos… menos c