Madeleine permanecía sentada, con la espalda recta, pero sus ojos denotaban la tensión que llevaba por dentro. Sus manos estaban entrelazadas sobre su regazo, y aunque intentaba mostrar compostura, yo podía sentir claramente su nerviosismo. Estábamos en el laboratorio de Dorian, un lugar cargado de antiguas energías y aromas extraños. Frascos, hierbas, libros polvorientos… todo allí hablaba de magia.
Dorian analizaba su sangre con una concentración casi ritual. No decía nada, pero su ceño frunc