Las escenas de la noche anterior en mi habitación se repetían en mi mente una y otra vez. No había podido dormir debido a la sensación de sus labios sobre los míos. Enzo despertaba en mí cosas que yo me negaba a admitir, pero por supuesto que para Mira no pasaban desapercibidas. Ella y yo éramos una sola, y por lo tanto, no tardó en hacerse presente.
—Te morías porque te marcara —dijo con su tono de siempre, ese que parecía burlarse de todo lo que me esforzaba por negar.
—Eres una fresca, ya ba